Dos exposiciones: "Un inventor de arquitecturas" y "Un enamoramiento"

Dos excelentes exposiciones de Arquitectura, con enfoques muy diferentes, se pueden ver en Madrid y no debe desaprovecharse la oportunidad.

 

Francisco Javier Sáenz de Oiza protagoniza una completa exposición sobre su obra, organizada por el COAM al cumplirse el centenario de su nacimiento. En la planta baja se exhiben de modo preciso casi todos sus proyectos, desde luego están los principales, con amplia documentación que revela su modo de profundizar en ellos. Nada más terminar la carrera, permaneció un par de años en Estados Unidos, que reforzarían su curiosidad natural hacia la innovación arquitectónica. Desde sus trabajos iniciales con predominio de viviendas sociales (marcó la pauta de su diseño funcional), y la relación inicial con Jorge Oteiza, Luis Laorga, incluso Chillida, dio paso a la sofisticación posterior, desde los años “60”, con la incorporación del mecenazgo de la familia Huarte, y el reconocimientode su obra, en especial tras Torres Blancas y la sede central del BBVA.

 

Desde el sótano llega la exuberante verbosidad de su voz, creciente a medida que te aproximas a la sala de proyección, donde se reproduce una conferencia en el COAM conmemorativa del centenario del nacimiento de Le Corbusier. De algún modo, tenía la esperanza de volver a encontrarle, como cuando te acercabas a su clase, siempre nutrida por numerosos alumnos, y se acusaba su discurso infatigable y enfático. Naturalmente, no estaba y, aunque perduraba su vehemencia dialéctica, no pude evitar cierta nostalgia… La charla reproducida fue, como era natural en él, una improvisación provocadora sobre la condición de Le Corbusier como “Inventor de Arquitecturas”, su tesis vinculaba la invención con el riesgo, incluso el defecto: “lo nuevo tiene que tener problemas, que se acusarán y subsanarán después… pero si alguien presume de haber inventado algo que funciona sin problemas; seguro que no ha inventado nada nuevo, estará reproduciendo o perfeccionando algo ya inventado… Otra cuestión es quién paga las consecuencias de la invención”. Sus comentarios despertaban la sonrisa de la sala, empezando por el Decano, Vicente Sánchez de León, aunque me imagino que no había nadie de ASEMAS.

 

La obra de Oíza se caracteriza por ser una transposición lo más fiel posible a una idea matriz, casi pura, aunque su concepción del diseño arquitectónico varíe de una a otras, en todas se aprecia su contundencia; empezando por el Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, continuando por Torres Blancas, el BBVA, las viviendas de la M-30, el auditorio de Santander, la Triada, el edificio- torre Triana en la isla de la Cartuja de Sevilla… El reconocimiento logrado por sus edificios puede variar, pero nunca provocan indiferencia y algunos son obras maestras ciertamente; como curiosidad, el grupo REM incluye Torres Blancas en la portada de su trabajo “Accelerate” (2008), ese fascinante edificio “pseudometabolista” concebido para ser un jardín vertical. Esa forma de crear tan heterogénea era coherente con la búsqueda de lo nuevo y el riesgo asociado. Oíza era un gran admirador de Le Corbusier, más que por la gramática de su Arquitectura, por su búsqueda visionaria de lo nuevo, por eso lo calificaba de “Inventor de Arquitecturas” y, por el mismo motivo, en realidad en su charla estaba hablando de sí mismo.

 

La exposición de Francisco Javier Sáenz de Oíza puede visitarse hasta el día 3 de diciembre de 2018 en el COAM. 

 

Lina Bo Bardi protagoniza la exposición de la Fundación Juan March en Madrid. Lina es una gran arquitecta nacida en Italia, pero asentada en Brasil (su patria por elección). El contenido de la exposición no se ajusta a la exhibición convencional de una obra arquitectónica, que subyace en ella, más bien es la crónica de una fascinación y su posterior enamoramiento respecto a Brasil. Personalmente la entiendo perfectamente, pues me encanta Brasil. Lina aparece en Brasil en 1946, recién casada con Pietro María Bardi (periodista, crítico de arte, coleccionista…) de quien adoptó su segundo apellido. Pretendían sondear la posibilidad de instalarse, emigraban de una Europa devastada y, tal vez, porque Pietro había estado vinculado a Mussolini, aunque cayó en desgracia, y a pesar de que Lina había militado clandestinamente en el partido comunista. En Sao Paulo, el azar les puso en contacto con un personaje clave y visionario: Assis Chateaubriand, magnate de prensa y político, que pretendía llevar a Brasil el Arte Moderno y también el europeo, económicamente asequible tras la Segunda Guerra Mundial. Pietro era la persona adecuada y había llegado con una apreciable colección particular, nacía así el embrión del Museo de Arte de Sao Paulo (MASP), un “contenedor” espectacular, proyectado por Lina (1957-1962), suspendido de dos gigantescas vigas en “U”, cuyo vacío inferior se convierte en un espacio de exposiciones y acontecimientos eventuales. Previamente había creado su primera obra maestra, la “Casa de Vidrio”, la residencia del matrimonio Bardi, sobreelevada mediante pilotes en terreno ascendente, rodeada de vegetación y con unas vistas excepcionales; su intrusión en la naturaleza, dominante pero integrada, remite al espíritu de la Casa Kaufmann de Wright. Pero su “inmersión brasileña” culmina con su etapa en el nordeste (Salvador de Bahía, Recife y Fortaleza), entre 1958 y 1966, donde acaba dejando su impronta en el Museo de Arte Moderno de Salvador de Bahía y absorbe la diversidad y vitalidad del arte popular de la región. Muchos consideran que el verdadero espíritu y carnaval brasileño está en Salvador de Bahía, donde la multiculturalidad es más profunda.

 

La faceta de agitadora cultural multifuncional (arquitectura, interiorismo, escenógrafa, diseñadora de muebles, organizadora de exposiciones, coleccionista de arte popular, etc.) es el ambiente que refleja la exposición; es Brasil y Lina su reflejo en el que caben múltiples expresiones personales, desde los cuadernos de apuntes, a visualizaciones rápidas de intervenciones o exposiciones… Nunca imaginé que una parcelación pudiera ser elevada a la categoría de expresión artística y Lina lo hace en un pequeño esquema manual, coloreado en el que se dibujan parcelas y zonas, que pasa desapercibido entre la abigarrada presencia de objetos. Entre ellos destaca y da la bienvenida la gran “Vaca Mecánica”, el peculiar contenedor diseñado por Lina para el MASP, que posibilita facilitar la participación eventual de los ciudadanos en el Arte. Siempre inquieta y adelantada a su tiempo, resulta impresionante la reutilización de una antigua fábrica de tambores, convertida en el SESC Pompeia (1977-1986), un singular espacio cultural en Sao Paulo.

 

En realidad, la filosofía del matrimonio Bardi y su mentor, Assis Chateaubriand, entronca con la idea del movimiento “antropófago brasileño”, surgido en los años “20” y que da nombre a la exposición “Tupi or not Tupi”, promovido por otro matrimonio brasileño, Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade, que propone una “digestión crítica” de las vanguardias occidentales para generar un discurso propio y más próximo a la vida, en especial su relación literaria, porque “la poesía está en los hechos”. Luego siguieron otros movimientos tropicalistas, pero esta aproximación a la vida se entiende y parece inevitable en Brasil y la Arquitectura no podía ser ajena a ello, como se aprecia en la obra de Niemeyer, con su personal lectura del Movimiento Moderno. El matrimonio Bardi primero fue un alimento para esta antropofagia y luego unos cocineros singulares del gran festín cultural del Arte Brasileño… En una exposición tan sugerente sólo echo de menos la referencia a un factor de identidad brasileño tan fuerte como la música, aunque puede ser que algunas visitas prefieran el silencio.

 

La exposición sobre Lina Bo Bardi, “Tupí or not Tupí”, se podrá visitar hasta el 13 de enero de 2019 en la Fundación Juan March de Madrid.

 

Además hay otras dos exposiciones de Arquitectura de indudable interés:

  • "La Arquitectura de Francis Kéré". Museo ICO, hasta el 20 de enero de 2019.
  • "Lars Lerup". Círculo de Bellas Artes, hasta el 13 de enero de 2019.

David Dobarco Lorente